Cargando Eventos

« Todos los Eventos

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE RAMALES DE LA VICTORIA

17 febrero @ 18:30 - 19:30

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE RAMALES DE LA VICTORIA

ORIGEN

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE RAMALES DE LA VICTORIA

UN BUEN DIA DE 1887
Atribuyen a Cervantes el dicho de que “DONDE HAY MUSICA NO PUEDE HABER
COSA MALA”. Alguno da como referencia al Quijote, parte II, Capitulo XXXIII, aquel
donde se da noticia “De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con
Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note”. Así por encima lo he releído y
puede que por las prisas no he visto la frase, por lo que no sé si se coló entre las risas
de la divertida duquesa, la simplicidad de doña Rodríguez, la dueña, o entre las razones
y refranes que enhebró Sancho, según solía, al frescor de aquella sala a la que fueron a
parar, tras la renuncia de él a su habitual siesta. Cualquier día lo vuelvo a comprobar.
La frase vale. La comparto. Y los que crearon la banda.
Obviada la certidumbre de la cita, cabe decir que clérigos y personas prudentes
pensaron de distinto modo y vieron en la música, al menos en cierta música, una
alcahueta del pecado. Consta que con la Banda de Ramales también se dieron las dos
posturas. Y siguieron dándose en el tiempo. Pero pudieron más los que la sostuvieron,
alabado sea el Señor.
Uno de los que censuraron, y solo alcanzó sus iniciales balbuceos fue el párroco
don Manuel de Lafuente, que a duras penas venía transigiendo con la existencia de un
tamborilero. En cambio siempre la acogió con benevolencia, y hasta la hizo participar
en las procesiones, su sucesor, aquel recto y exigente pastor don José de la Peña y
Media, que la tuvo por buena, quizás por seguir la tónica protectora que ante la
iniciativa del joven López de Castro habían mostrado desde el principio los Alvarado,
familia principal de la villa, no en balde había sido don Pedro de Alvarado y Trevilla
quien hizo bajar en 1886 a la Banda de Villarcayo con motivo de las fiestas de
esponsales de su cuarto hijo. La Banda la dirigía don Cecilio. Y éste, en un momento del
baile, fijó su mirada en una menuda y pálida muchacha de bucles rubios que sentada al
lado de su abuelo y madre, con aire recatado, parecía seguir con los ojos el compás de
la música. Nada más verla cedió la batuta a un compañero y con aire seguro dijo: Voy a
sacar a bailar a esa señorita. Y lo hizo, que edad tenía en que nada arredra. Dio sin
embargo don Pedro su permiso. Y la pareja acomodó sus pasos y figuras a las notas de
una mazurca que los músicos alargaron sobrepasando lo discreto. Al regresar a su
puesto, el director se limitó a decir lacónico: Se llama Luisa y voy a casarme con ella.
Con ese propósito sin duda, antes de que terminara el año estaba trabajando de oficial
en la notaría de Ramales. Y en el siguiente, motivado por su gran afición y dotes para
hacerlo, y con el notorio aliento de los Alvarado, creó la Banda, para lo que encontró
una mayoritaria buena disposición en el pueblo deseoso de novedades. Don Cecilio
casó con doña Luisa, de 17 años, nieta de don Pedro de Alvarado y Trevilla, e hija de
doña Carmen de Alvarado y Ramos, viuda, el 12 de octubre de 1889.
Otro enfervorizado protector de la Banda fue don Dionisio Ranero, alcalde
electo por la nueva Corporación de Ramales que surgió de las elecciones municipales
celebradas en toda España el 1 de mayo de 1887.
Cuando la Banda se gesta, Ramales, que con esfuerzo había reparado antes
parte del caserío de su núcleo urbano, dado el fuego y destruido por los carlistas del
general Maroto ante el ataque del ejército liberal mandado por Espartero, Duque de La
Victoria, en mayo de 1839, casi no se ha recuperado de los nuevos daños sufridos
durante la segunda guerra carlista, en mayo -otra vez mayo- de 1875, por los disparos
del Pretendiente, el titulo de Carlos VII, desde sus posiciones del Moro y otras alturas
ventajosas, en la vana maniobra de apoderarse de la plaza, amenazada desde 1873, y
de los quebraderos de otro orden originados por el mantenimiento y sostén de la
Columna de operaciones que la defendía. Ya no es el Ramales del mayorazgo de la casa
de Alvarado, Bracamonte y Saravia, o el de los señores de la industria ferrona del Iseña
y Salto del Oso, como el conde de Revillagigedo o los Orense, don José María, marqués
de Albaida, y don Francisco de Paula, barón de Adzaneta. Las grandes casas ya no
existen. En sus desvastados solares, aprovechando materiales de derribo, levantan
ahora su humildad nuevas casas. Se han empedrado y adornado con árboles los
espacios públicos de los barrios de La Torre, La Industria, San Felipe, La Flor, La
Campana, el Barrio de Atrás, la Enciruela y Los Fuertes; y los bordes del camino real,
desde Cubillas, por los atrancos, al Crucero, donde están las edificaciones del Mesón y
una Fonda, y las cocheras de las diligencias y las caballerizas de los tiros; y desde el
Crucero, por la carretera de Arredondo, puente Nuevo, hasta Veares; y por el camino
de Castilla hasta el Salto del Oso, dejando libre el frente del palacio del general don
José Martín de Iriarte que los Ochoa cerraron de pared y verja en 1880, se jalonan
también de árboles, que es como hacer civilidad. La propiedad se reparte y el pueblo
intenta abrirse a tiempos mejores. Para propiciar su desarrollo se suceden iniciativas.
El 30 de septiembre de 1883 se ha inaugurado la feria de ganados. A principios de 1884
el Ayuntamiento acuerda el plantío de robles y árboles frutales realizándolo todos los
vecinos. En febrero de 1885 se obliga a asistir a una persona de cada casa a los
mercados y para no perder el trabajo se trasladan al domingo. En el mismo mes y año
se consigue cubrir ya de forma estable la plaza de médico, hasta entonces siempre en
precario por la dificultad de atender el pago de honorarios. En septiembre de 1886 el
médico titular propone la matanza de aquellos perros que anden sueltos por la calle, y
se saca a pública subasta el derecho a hacer un juego de bolos en el mercado del
Barrio de Atrás. Y en 1887 se abre un café en el casón que se alza a la parte superior de
la plaza de la Victoria, esquinero con la iglesia; el café Plaza. En este café los sesudos
varones de la villa, vencida después de dos años la incertidumbre que sembró en el
país la muerte del Rey, que tanto les preocupara, ocupan ahora su ocio criticando a los
prohombres de la política nacional. Hasta que un día, un buen día cuya fecha se
desconoce, sería a la hora del rosario para fastidiar a don Manuel el párroco y a su
corte de melindrosas beatas, los sones de un pasacalle interrumpen cónclave y
peroración. La curiosidad les arrastra a ver. Seguidos por un bullicioso tropel de
mujeres que han salido de las costuras y niños, unos músicos noveles hacen su
esperada presentación pública. HA NACIDO LA BANDA.
A día de hoy la Banda sigue funcionando con todos los avatares ocurridos
desde el año 1887, 135 años.
Durante todo el invierno, época en la que hay menos actividades, la Banda
ensaya y en la escuela de música se dan clases a nuevos alumnos para renovar a sus
componentes, que principalmente son de Ramales y alrededores, puesto que todos
sentimos que es algo nuestro, que debemos cuidar y apoyar. Los veranos no serían lo
mismo sin escuchar en La Plaza (Duques de la Victoria) los pasodobles, valses y jotas,
etc. que interpretan hasta que anochece. Lo mismo que los conciertos que se
programan y preparan durante el año.

Detalles

Fecha:
17 febrero
Hora:
18:30 - 19:30
Categoría del Evento:

Local

Centro Social de Mayores Astillero
Parque La Orconera
Astillero, Cantabria 39610 España
+ Google Map
Teléfono:
942541111